Sábado 24 de enero de 2026, llueve en Tarragona y los senderistas esperan el paso del autocar que los recogerá primero en la plaza de les Corts Catalanes y posteriormente en la plaza imperial Tarraco. Una vez los treinta y dos a bordo toma dirección a Amposta donde caminaran por el sendero GR-99 hasta Tortosa, por el lateral del canal del Río Ebro. Al poco de emprender la marcha deja de llover lo que anima la perspectiva del día.
Durante el trayecto y al tomar una salida el conductor se confunde y se dirige en dirección contraria, afortunadamente es observado por los pasajeros y el conductor al comprobar que viene un vehículo en dirección contraria se ve obligado a retroceder unos 250 metros hasta la bifurcación que debía haber tomado a la derecha, incorporándose a la misma, sin haber ocurrido ningún percance. Continuando el viaje hasta llegar a Amposta deteniéndolo justo al lado del albergue dels Amics del Cami de Sant Jaume de l’Ebre del Montsià, una asociación que inició su andadura en el año 2005 y el pasado año celebró sus 20 años, cuenta con más de 300 asociados siendo muy activa. Como recuerdo foto de familia en la fachada principal del albergue.
Atraviesan el puente colgante cuya construcción finalizó en 1921 y descienden por las escaleras que les llevan al sendero por el que continuarán. Recibiendo el característico viento mestral fresco, de proa y racheado, que era molesto y había que forzar la marcha. El sendero, como en los tramos anteriores es un camino llano, continuando por un pequeño puente que lleva al otro lado del canal donde hay una pista asfaltada en la que unos postes impiden la circulación de vehículos y deben hacerlo por la pista de tierra.
Observan los diferentes cultivos, zonas donde hay naranjos y en otros olivos, y también en las que las lluvias torrenciales que han caído recientemente han inundado tierras que ahora los agricultores se ven obligados a su vaciado para poder atender a sus cultivos. Desde el inicio de la andadura al frente, imponentes, se observan los Puertos de Tortosa Beceite, que tiene un efecto añadido al estar cubiertos de nieve y una especie de niebla que se fusiona con el cielo.
En la antigüedad, en esta zona, era muy importante la vigilancia fluvial para detectar el paso de embarcaciones enemigas y por esta razón los árabes construyeron torres que con el paso de los años y el cambio de civilizaciones fueron modificadas. A ambos márgenes del río, la de la Candela, del Cargol, de Campredo, de Font de Quinto o de Ayuso, son los diferentes nombres por los que se la conoce a esta última, y la de la Carrova. Según la tradición estás dos últimas torres situadas opuestamente en los dos márgenes del río estaban unidas por cadenas y ello permitía impedir el paso de embarcaciones por el río.
El camino les lleva a pasar al otro margen del canal y así hasta llegar a la altura de Campredó donde a través de otra plataforma se dirigen al interior de este pequeño núcleo descentralizado de Tortosa, donde en un bar toman su tentempié y a la vez esperan la llegada de Josep Maria y Montse que han venido en tren y se incorporan al grupo. Un número reducido se encuentra cansado por el esfuerzo de ir con el viento en contra y piden que el autocar los recoja y los lleve directamente a Tortosa y así se hace.
El resto retornan al sendero y continúan la marcha, curiosamente a pesar de que es una zona agrícola, hay extensos polígonos industriales y sobrepasado Campredó a la derecha se encuentra el polígono Baix Ebre, y algo más alejada de encuentra ubicada la instalación química más relevante y conocida que corresponde a la empresa Ercros, dedicada a la producción de productos químicos intermedios. Los tres principales productos formaldehído (resinas) … , Pentaerititrol (resinas, lubricantes, …) y Dipentaeritritol (barnices, tintas, …) en su conjunto su producción es superior a 300.000 toneladas al año.
El viento acompañó a los senderistas toda la jornada, si bien la intensidad iba creciendo a medida que se acercaba el mediodía, afortunadamente, sin llegar a los valores que en muchas ocasiones alcanzan en esta zona marítima – fluvial, por permanecer el celaje totalmente encapotado durante el recorrido, que evitó la débil lluvia anunciada.
Dos nuevas torres, la de Soldevila y la de Vilaseca , de Mengana o del Capità. La búsqueda de información conduce a la tesis doctoral “LAS TORRES Y EL PROCESO DE COLONIZACIÓN DEL BAIX EBRE (SIGLOS XII-XIII)”, que presentó Marina Mateu Mercadé en el Departamento de Ciencias de la Antigüedad y la Edad Media de la Universidad Autónoma de Barcelona.
Entrados en Tortosa, ciudad de la antigua Hispania romana conocida con el nombre de Dertosa, de la que hay constancia que en el s.I a.C. ya se acuñaban monedas.
Volviendo a la actualidad hay tres puentes que unen la ciudad que el río Ebro separa. El del Milenario, inaugurado en 1988 y que recibe el nombre porque su construcción coincide con el milenario de Cataluña. En el interior de la base que da al paseo de la Ribera hay el museo del Ebro que lo hace único. Consta de dos exposiciones fijas, una sobre el río, su contenido y su historia y otra dedicada a la forma de atravesar el río, barcazas, puentes, etc., Hay una segunda sala dedicada a exposiciones temporales.
Los senderistas empiezan a callejear hasta llegar al antiguo puente del ferrocarril que unía Valencia con Tarragona y cuya construcción fue muy laboriosa, entrando en servicio por tramos, siendo inaugurado el 21 de junio de 1868. Tuvo que ser reconstruido al finalizar la Guerra Civil. En la actualidad se le conoce como el Pont Roig, por su color, o puente del Ferrocarril, La denominación de rojo le viene por ser el color con el que está pintada su estructura metálica. Es el punto de partida de la Vía Verde del Val de Zafán, que une Tortosa con Alcañiz y la Puebla de Hijar, un itinerario para senderistas, ciclistas, patinadores, caballos, etc., pero prohibido a vehículos motorizados. Cruzar el puente permite a los senderistas ver desde esta perspectiva la ciudad arrimada a los márgenes del río.
Una vez en el margen derecho continúan y pasan por la Iglesia de la Virgen del Roser construida en el año 1910 y con un estilo neorromántico poco frecuente. Reconstruida en el año 1940 por haber sufrido los estragos de la Guerra Civil, destaca el campanario sobre la edificación, aunque el original aún era más alto y esbelto. La poca agraciada restauración no solo redujo la altura del campanario, sino que rebozó los muros exteriores, modificando sustancialmente el original.
Sobrepasada la Iglesia los senderistas pasan bajo el puente del Estado como así se conoce al tercer y último puente de la ciudad que reemplazó al anterior que fue volado durante el transcurso de la Guerra Civil, por lo que se aprovechó la cimentación existente y en su parte superior se empleó una estructura metálica para ahorrar peso. Todas las uniones se hicieron por soldadura, siendo el primer puente soldado para carreteras en España A escasos metros y en el centro del río el monumento a la batalla del Ebro, que se erige estilizado, cuya construcción finalizó en el año 1964. Ha sido motivo de controversia, ya en su día retiraron todos los símbolos que representaban al entonces Jefe del Estado. La entrada en Vigor de la Ley de la Memoria histórica provocó un debate y el ayuntamiento quiso dedicarlo a los caídos de los dos bandos. Cuestionado nuevamente, realizó un referéndum en el que a pesar de su baja participación fue votada por la mayoría de los ciudadanos la permanencia en su actual ubicación. La nueva Ley de Memoria democrática generó nuevos estudios al respecto para su posterior retirada y reinterpretación, mientras hasta el momento se mantiene.
Desde el margen los senderistas observan al otro lado la catedral de Santa María, sede de la diócesis de Tortosa. En 1347 dieron comienzo las obras sobre un anterior edificio religioso de estilo románico, siendo consagrado por primera vez en 1441. La construcción continuó en varias fases hasta llegar a la actual fachada barroca que se inició en 1620 y que quedó sin finalizar en 1757. Posteriores excavaciones arqueológicas han aportado que aproximadamente en ese mismo lugar se encontraba el foro romano. En 1931 le fue concedido el título de basílica.
Sobresale, por encima del resto de construcciones históricas de la ciudad, el Castillo de la Zuda que ocupa la colina central de la ciudad antigua. Esta atalaya, de enorme importancia estratégica, es un magnífico mirador de Tortosa. Se han encontrado restos íberos y romanos. En tiempos de Abd-al-Rahman III los árabes la transforman en alcazaba y Jaime I la convirtió en residencia real. El perímetro corresponde, a grandes rasgos, al castillo original que ya se vio condicionado por las características del terreno. En los siglos XVII y XVIII se construirán las avanzadas en su extremo noroeste. En el interior del recinto se realizaron diversas construcciones: aljibes, naves y el polvorín. En el gran pozo central, o zuda, confluyen numerosas galerías subterráneas con mazmorras y hornos. Durante la Guerra Civil el castillo será objeto de una grave destrucción. En el año 1972 y tras una profunda restauración, se convertirá en Parador Nacional de Turismo. De la antigua edificación se conservan murallas, arcadas, el polvorín, una sala con ventanas trifoliadas, el patio de armas y galerías subterráneas.
Tortosa Es una ciudad con un número importante de monumentos, de los que se han descrito aquellos al paso de los senderistas. Desde 1996 se celebra la fiesta del Renacimiento en la segunda quincena del mes de julio, que tiene su origen en un trabajo que realizaba el Consejo Comarcal del Baix Ebre para diseñar un escudo y durante la investigación para el diseño, fue localizado un cuaderno del año 1544 que describía con gran detalle cómo eran las tropas que defendían la ciudad durante el reinado de Carlos V. Es una destacada recreación histórica que transporta la ciudad al esplendor del s. XVI, en la que participan más de 3.000 ciudadanos vestidos de época, ofreciendo más de un centenar de espectáculos diarios, mercado renacentista, gastronomía histórica y animación callejera. Quien estas letras escribe, asistió a la primera celebración poniendo en valor dichos festejos, destacaría el acto inaugural, el desfile que se celebra el domingo y también la fiesta de las banderas, en la que participaron los abanderados de Florencia, en la que se combina la habilidad con el movimiento de banderas y la música de la época que les acompaña. Un colectivo cultural de Tortosa ha conseguido crear un grupo de abanderados para la fiesta y organiza un encuentro con abanderados de otros países realizando excelentes exhibiciones. Una celebración a la que merece la pena asistir, si bien hay una contrariedad, el calor que hay que soportar a mediados del mes de julio, claro, nunca la dicha es completa.
Finalmente llegan al restaurante Lo Llaüt, donde en 2016, que hicieron el mismo recorrido, también comieron en él. Una vez aposentados treinta y cuatro senderistas se inició la comida con platos para compartir y el plato principal, permitan un juego de palabras, y es que comparten el plato, fideuà y paella, finalizando con postres y cafés. El autocar los esperaba en la puerta para embarcar y hacer el recorrido a la inversa hasta Tarragona donde se despidieron pensando que la próxima salida será para celebrar la calçotada anual de l’Associació.
Agradecer la información facilitada por Otfried, Francisco y Fernando.
Buen Camino!!!
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